5 preguntas para conocer tu nivel de estrés y cómo gestionarlo, por Manuela Colombo.

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¡Quién no sufrió alguna vez un ataque de estrés que levante la mano!.


Teniendo en cuenta el contexto en el que nos encontramos, aquellas que hubieran levantado la mano, pensando en la cuarentena, probablemente la volverían a bajar. En la actualidad, podemos observar que las situaciones estresantes abundan, no solo en lo que a la vida personal se refiere, sino también en la vida laboral. Muchas mujeres nos encontramos teniendo que trabajar home office, haciendo la tarea con los chicos, cocinando, ocupándonos de la casa, las compras, etc. No es de extrañar, que nuestros niveles de estrés, así como también las situaciones que consideramos estresantes, se hayan multiplicado, triplicado, quintuplicado. Por lo que cuidarnos del mal estrés es necesario, ya que de ello dependerá la calidad de vida que llevemos.

Dependiendo de cómo vivimos las cosas que nos pasan día a día, el estrés, puede ser nuestro aliado o nuestro peor enemigo. ¿Cómo sería esto? Cuando hablamos del estrés como un aliado, hacemos referencia al llamado buen estrés. Es aquel estrés que nos permite lograr una mayor concentración, nos motiva, nos empuja, nos mueve a poder hacer frente a aquella situación, o situaciones que consideramos estresantes, esto sucede debido a que las hormonas y las catecolaminas son liberadas poco a poco, en cantidades pequeñas no afectando a nuestro organismo..

El estrés como un enemigo, aparece cuando no podemos discernir cuales son amenazas reales de las que no, cuáles situaciones ponen verdaderamente en juego nuestra supervivencia. Aparece la presión, el cerebro libera constantemente cortisol, haciendo que el nivel al que asciende se convierta en un nivel tóxico para el organismo. Y esto en lugar de ayudarnos a concentrarnos, motivarnos, empujarnos, nos aplasta, nos enferma. Podemos considerar como estresante, todo tipo de factor del medio que nos rodea, que rompa el equilibrio. Por ejemplo; esta situación de cuarentena, en la cual algunas de nosotras, no podemos salir, la televisión y las redes sociales bombardeándonos con información (no siempre verdadera), las tareas habituales, a las cuales en muchos casos hay que sumarles, el ser maestras, animadoras, etc. En el caso de estar transitando sola esta situación, en la cual muchas veces nuestros pensamientos son más fuertes que nuestras ganas de mantenernos positivas. O inclusive, si pertenecemos al sector que debe salir a trabajar, con todo lo que ello implica.

El estrés no es otra cosa que un conjunto de adaptaciones fisiológicas, que se activan en el organismo para poder afrontar ese factor del medio que nos estresa y poder así restablecer el equilibrio perdido. Hace miles de años, el peligro era tangible, aparecía un león y dependiendo de la reacción, podíamos o hacerle frente o salir corriendo para salvar nuestra vida. Las situaciones, personas, circunstancias por las que, en la actualidad, podemos sentirnos amenazadas, son en extremo superiores. La cantidad de estímulos a los cuales estamos expuestas es tan grande, que hoy por hoy ese león, puede ser el tener que salir y exponernos, discusiones con la pareja o con la familia, ir a hacer las compras y mantener la distancia, un jefe que nos grita, nos maltrata o nos presiona, la paranoia, el miedo que la sobreinformación genera, etc. La lista podría ser infinita. Esto nos genera la sensación de tener que estar huyendo o haciéndole frente a la vida prácticamente durante todo el día, no pudiendo bajar esos niveles de estrés en ningún momento.

Las invito a reflexionar sobre las siguientes preguntas:

¿Tú nivel de estrés te desborda y aun así te esforzás por hacerte cargo de todo lo que te piden y más?

¿Estás a punto de explotar con tanta presión, pero no querés dejar sin terminar las tareas que te asignaron?

¿Sentís que tu salud está en juego y así y todo seguís insistiendo?

¿Sos capaz de decir que no?

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste relajada, tranquila?

¿Te sentís triste, cansada, agobiada?

Si mientras las fuiste leyendo, te sentiste identificada, es porque en la actualidad, o en algún momento de tu vida, transitaste el camino de la mano del estrés.

Es importante auto observarnos, reconocer aquello que te está pasando, para poder bajar los niveles de cortisol en tu cuerpo. Y una vez logrado poder disminuir las situaciones de estrés en la mayor medida posible. Poder generar, dentro del contexto actual, una capacidad de trabajo y de convivencia empática, de comunicación e integración, tanto para nosotras mismas como para aquellos con los que estamos en contacto estos días (tanto virtual, como presencialmente), pudiendo esto facilitarnos el crear contextos emocionales sanos y constructivos.

¿Qué elecciones podrías tomar cada vez que te sientas desbordada? ¿Qué pasos podrías realizar?

Es fácil quedar atrapada en un estilo de vida estresante, sin embargo, existen distintas formas en las que podemos hacerle frente al estrés, por ejemplo; el hecho de poder identificar aquellas situaciones, personas, hechos que nos hacen sentir estresadas, nos ayuda, ya que una vez que los tenemos identificados, podamos hacernos cargo y tomar acciones en el asunto, acudir a distintas herramientas, para poder gestionarlos de manera efectiva.

Ante situaciones estresantes, el poder realizar actividad física, nos ayuda a bajar los niveles de ansiedad y depresión, ya que, al realizar actividad física, nuestro organismo libera serotonina, dopamina y endorfinas. ¿Cómo? Podemos realizar alguna clase virtual gratuita de baile, o de yoga o de gimnasia, respirar, reflexionar, cambiar de aire simplemente abriendo una ventana y permitiendo que el sol junto con la brisa te dé en la cara, levantarte y estirar las piernas.

También, es importante dormir y alimentarse bien, para que así el organismo pueda poner en marcha el mecanismo de renovación y recuperación celular.

Podés por ejemplo, incorporar a tu rutina diría un ejercicio de respiración, para aprender a relajarte, para centrarte y volver a la calma. Esta práctica no lleva más de un minuto, y puede ser realizada en cualquier momento o lugar. Durante ese minuto lo que vas a hacer es cerrar los ojos, y concentrarte en cómo tu respiración entra y sale del cuerpo. Una vez finalizado, es posible que la sensación de ansiedad, fastidio, enojo haya disminuido, permitiendo que sean los lóbulos prefrontales quienes intervengan favoreciendo la baja del nivel de cortisol.

Nadie dice que es fácil, en efecto en esta época en la que vivimos es más que complicado. La diferencia se encuentra en que ahora, que ya sabés cómo funciona, podés ser responsable de aquello que te sucede, más selectiva, más consciente. El poder correrte y ver la situación desde otro lugar, desde otro punto de vista, depende de vos y va a determinar cómo vas a elegir pararte, observar y accionar frente a las supuestas amenazas.

Esto no pretende ser una guía o un texto de autoayuda, sino más bien un pequeño empujoncito, una pequeña (o gran) ayuda, para tomar consciencia de que más allá de que los efectos son reales y están ahí, somos nosotras los responsables de cuanto nos van a afectar.

El contexto es el que es, depende de vos decidir, desde qué lugar vas a elegir transitarlo.





Manuela Colombo, Técnica Superior en Liderazgo Ontológico, Neurosicoeducadora.